martes, 18 de noviembre de 2014

Actividad 1. Lectura y escritura exploratoria

INTRODUCCIÓN
Cuántos de nosotros no nos hemos planteado las siguientes preguntas: ¿Qué es la religión? ¿Para qué sirve la religión? Incluso Eugenio Frías en su libro “Porque necesitamos la religión en su contra portada plantea la siguiente pregunta ¿Qué es la religión sino un intento de explicar que hacemos en este mundo? Partiendo de la anterior, surgen las siguientes preguntas, ¿Cuándo empezaron las religiones? ¿Cuáles son sus orígenes?, etc. De tal suerte que todo lo anterior me motivó a indagar en la medida de mis posibilidades, en que momento de la historia de la humanidad aparecieron los primeros indicios de la religión así como su relación con el simbolismo del arte rupestre.
DESARROLLO
¿Cuándo inició la religión? o ¿cómo inició la religión?

Eugenio Trías nos dice en su libro antes mencionado que los principios de la religión en la prehistoria se enmarcan en el hecho de que “ya nuestros más lejanos y arcaicos antepasados tenían una precomprensión de esa (nuestra) naturaleza mortal” . El homo faber ya sabía que hacer con sus muertos: sabía que había que darles “piadosa sepultura”

H. Bergson definió como homo faber al fabricante de artefactos y utensilios; el paso se da desde el mero instinto a la inteligencia, aunque sea en sus formas rudimentarias. Esta especie se caracteriza con respecto a la especie anterior por el gran desarrollo de su tamaño encefálico, así como la de un toro supraorbital independiente del hueso frontal separado por un surco muy pronunciado. Los restos de esta especie están datados entre unos 1.8 a 1.4 millones de años.

Pero solamente el homo sapiens, especie que nos es contemporánea desde hace más de treinta mil años y que habitó en el litoral cantábrico (Península Ibérica) o en el hábitat del valle de la Dordoña (Francia), este hombre de Cromagnon (o sus parientes cercanos) fueron los que pusieron los cimientos de la religión en tanto su relación o su conexión con lo sagrado. Este fue el que convirtió un accidente de la naturaleza, como por ejemplo, la hendidura de una montaña en forma de gruta o de una caverna en un santuario es decir, en un lugar en donde tener una comunicación y una conexión con lo sagrado y asimismo responder a esta conexión a través de creaciones propias, signos, emblemas, símbolos y cifras mediante las cuales se documentó dicha conexión o nexo religioso.

Un ejemplo de todo lo anterior lo podemos ver muy claramente en su definición de Religión de la Prehistoria. En el interior de la caverna domina la presencia mural que señorea sobre el mago o el artífice. Éste se acerca, reverente, a ese muro poseedor de virtud fecundadora. La mano se extiende, abierta, sobre el muro. Se traza entonces la silueta de esa mano sobre el muro, primera y decisiva intervención del testigo en el que hace de presentación lo sagrado. Algunos dedos de la mano dibujada, el meñique o el anular, aparecen amputados. Han debido ser ofrecidos en prenda o en sacrificio con el fin de poderse consumar esa unidad simbiótica. Se pacta de esta suerte, mediante la ofrenda sacrificial, lo que se espera del vigor del muro como prenda o como don: la promesa quizás de vida fecunda y renovada.

CONCLUSIÓN

Como podemos observar, ya desde tiempos inmemoriales, de alguna manera se ha ido manifestando en el hombre una relación que incluso podríamos definir como personal entre el Supremo o Ser Divino llamado Dios y el hombre.

Trías, Eugenio. Por qué necesitamos la religión. Barcelona, Ed. Debolsillo, 2000, pp 17 – 60

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